La Parroquia de Santa Ana forma parte de la vida de Morata de Jalón desde hace siglos. Es un lugar de encuentro, oración y celebración, abierto a todos los que quieran acercarse y participar en la vida parroquial.
A lo largo del año, la parroquia acompaña los principales momentos de la vida cristiana y celebra las festividades y tradiciones religiosas de nuestro pueblo.
Esta página quiere ser también un espacio para dar a conocer nuestra parroquia, su patrimonio, su historia y algunas de las personas que han formado parte de ella, entre las que ocupa un lugar especial Fray Francisco Garcés, nacido y bautizado en Morata de Jalón.
La historia de la parroquia de Morata de Jalón comienza mucho antes de la construcción de la actual iglesia de Santa Ana.
Durante siglos, Morata contó con una importante población musulmana. En 1526 se decretó en Aragón la conversión obligatoria al cristianismo de la población musulmana, que pasó a formar parte oficialmente de la comunidad cristiana como nuevos convertidos o moriscos.
Los antiguos libros parroquiales de Morata nos permiten acercarnos a aquella primera comunidad cristiana y conocer incluso los nombres de algunos de sus habitantes.
Los registros de matrimonios comienzan en 1569. El primero que aparece en los libros parroquiales es el de los moriscos Cristoval Pintor y Anna Matarraz, figurando como rector Mósen Matheo Soria.
También de 1569 datan los primeros registros de defunciones. El primer difunto que aparece anotado es Miguel de Aguilar Mayor, morisco.
En 1571 encontramos el primer bautismo conservado en los libros parroquiales. El bautizado fue Miguel Lazraque, morisco, y el primer rector que aparece en estos registros de bautismos es mosén Pedro Nabarro.
Las primeras confirmaciones conservadas corresponden a 1572 y fueron administradas por don fray Francisco de Salazar, obispo de Salamina y comisario general en el obispado de Tarazona.
Estos testimonios demuestran que en la segunda mitad del siglo XVI Morata contaba ya con una comunidad parroquial organizada, con sus rectores y con la administración de los principales sacramentos.
Por tanto, antes de la construcción de la actual iglesia tuvo que existir un lugar destinado al culto cristiano. Un dato muy importante nos lo proporciona la Bula Salviática en 1527, Morata contaba con 82 casas de las cuales 70 eran de cristianos nuevos y 12 de cristianos viejos por lo que hasta 1526 convivieron los dos cultos utilizando unos iglesia cristiana y otros mezquita. No conocemos todavía con certeza dónde se encontraba ni una, ni otra, mientras no aparezca documentación que lo confirme, no podemos asegurar que así sucediera en Morata.
La expulsión de los moriscos en 1610 supuso una profunda transformación para Morata y una importante disminución de su población. Con la llegada posterior de nuevos pobladores comenzó una nueva etapa en la historia de la localidad.
En este contexto, Ana Martínez de Luna, condesa de Morata, promovió la construcción de una nueva iglesia. Las obras de la actual iglesia de Santa Ana comenzaron en 1633 y se prolongaron hasta 1643.
Unas décadas después se produjo una de las mayores transformaciones del conjunto. En 1665, Francisco Sanz de Cortés adquirió el condado de Morata e inició una importante renovación de la localidad.
Entre 1671 y 1676, coincidiendo con la construcción del nuevo palacio de los condes de Morata, se llevaron a cabo importantes reformas en la iglesia. Se actuó en las bóvedas, el presbiterio y la sacristía y se estableció una comunicación entre el templo y el palacio.
Iglesia y palacio quedaron así unidos, formando el conjunto monumental que todavía hoy constituye uno de los espacios más representativos de Morata de Jalón.
Francisco Sanz de Cortés contribuyó también al enriquecimiento de la iglesia. En 1675 donó a la parroquia una valiosa custodia procesional, cuya parte más antigua, fechada hacia 1530-1535, ha sido atribuida al orfebre de Amberes Josse Vezeler.
La iglesia continuó modificándose con el paso de los siglos. Hacia 1800 se realizó una importante ampliación en la zona de la cabecera, intervención que terminó de darle buena parte de la configuración que conocemos actualmente.
El templo presenta tres naves, crucero, presbiterio, coro alto y torre, y conserva en su interior retablos, pinturas, piezas de orfebrería y otros bienes que corresponden a diferentes momentos de su larga historia.
Pero la historia de la parroquia no se encuentra solamente en el edificio y en las obras de arte que conserva. También permanece escrita en sus antiguos libros parroquiales. Desde aquellos primeros nombres del siglo XVI hasta las generaciones posteriores, bautismos, matrimonios, confirmaciones y defunciones han ido dejando constancia de la vida de los habitantes de Morata.
La iglesia de Santa Ana ha acompañado así durante siglos la historia de nuestro pueblo y continúa siendo depositaria de una parte fundamental de su memoria religiosa, histórica y artística.