Había muchos más pueblos. Estos que aparecen aquí son con los que tuvo más contacto. Se ganó su respeto porque viajaba sin armas, sin escolta militar y con una actitud de diálogo y paz. Convivió con estas tribus y otros pueblos, aprendiendo parte de sus lenguas y compartiendo su vida cotidiana. Los pimas del Gila lo llamaban el viejo, que en su cultura significaba hombre sabio, consejero y digno de respeto.
El propio Garcés escribió en su diario, “nos alegramos de que ha venido el viejo, así me llaman”. Gracias a esa confianza, muchas tribus le ofrecieron alimento, guías y protección durante sus expediciones, permitiéndole recorrer miles de kilómetros y dejar un valioso testimonio de los pueblos indígenas del siglo XVIII.
Las fotografías son posteriores al siglo XVIII y no representan a las personas concretas conocidas por Garcés, sino a miembros de los mismos pueblos indígenas con los que entró en contacto durante sus exploraciones.
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